Revista La Nación- 8 de Abril

“Todos los chicos tienen derecho de crecer en familia”, de eso estaba segura María Elvira Dezeo de Nicora (recientemente fallecida), psicopedagoga y corazón de la Fundación Emmanuel, entidad con la que instauró en la Argentina el acogimiento familiar y con la que impulsó programas preventivos para que las familias en riesgo restituyan sus vínculos.

Revista-La-Nacion-08-04-2012Junto con su marido, Luis María Nicora, pudo concretar la idea de compartir su vida con chicos que por diferentes circunstancias no podían vivir con sus familias de origen. Ambos estaban al tanto de estas experiencias en otros países. “Cuando decidimos poner en marcha esta práctica lo hablamos con nuestros hijos (cuatro de la panza) -recuerda Luis-, lo discutimos y entre todos decidimos que era hora. Hay cosas que se transmiten desde el sentimiento, más que desde el intelecto. En casa siempre estuvo presente el deseo de compartir.”

La historia de siete hermanos que vivían separados -en institutos de menores, otros cuidados por un ama externa y algunos instalados en una villa de emergencia- llegó a oídos de María Elvira. Sin dudarlo, dijo sí y tras conseguir el apoyo del juzgado y el consentimiento del padre de los chicos (dos de ellos discapacitados), llegaron a casa de los Nicora, en Colonia Urquiza, provincia de Buenos Aires. Esto fue el 1º de marzo de 1988 y se transformó en la primera experiencia de acogimiento familiar en la Argentina. Allí se reconocieron como familia. Mario, el más chico, llegó prácticamente desnutrido. “Se nos presentó una realidad muy fuerte: dos de ellos tenían alto riesgo de muerte y por eso ninguna entidad del Estado quiso hacerse cargo”, recuerdan.

“En casa no había qué comer -reconoce Claudia, una de las hermanas -, dicen que por eso nos tuvieron que separar. De esto me enteré ya de más grande. Yo zafé porque comía en el instituto, pero mis otros hermanos no; pasaron hambre y soportaron los golpes de mi papá, que entonces era alcohólico.”

Poco a poco los siete hermanos comenzaron a acercarse a la familia de origen. “Una vez por mes papá nos venía a visitar y nosotros íbamos a ver a mamá Antonia (con discapacidad mental)”, recuerda Claudia, hoy madre de una niña y de un niño, a los que ama profundamente. “Lo que intentamos todo el tiempo es que esos lazos se mantuvieran, bajo nuestra atenta mirada- asegura Luis-. No somos una familia sustituta sino complementaria. No buscamos hacer un corte con los padres, ya que respetamos las historias de los chicos, sus propias identidades. La premisa de la fundación es la de apoyar a una familia cuando tiene problemas para criar y mantener a sus hijos.”

En estos 25 años, la fundación acompañó a más de 750 familias para que puedan redescubrir sus capacidades y ser protagonistas de su propia transformación. “Analizamos las posibilidades de cada caso, no las carencias -explica Luis- y de esa manera potenciamos los recursos familiares y sociales.”

El papá de los chicos falleció. Hoy, Claudia y sus hermanos mantienen el lazo con su madre de origen.

“Siempre tuve en claro que me crié con dos mamás, Elvira y Antonia -reafirma Claudia-. Agradezco poder saber quién soy, de dónde provengo, quiénes son mis padres de sangre y reconocer a los que me criaron de corazón. Saber quién soy me ayuda a reconocerme y a mostrarme frente a mis hijos.”